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Después de sus tres aventuras en inglés, Pedro Almodóvar firma con Amarga Navidad —que llegará a los cines españoles el 20 de marzo— su película más íntima: un relato de autoficción sobre el duelo, la memoria, la depresión y los límites de la creación, que se pregunta hasta qué punto un cineasta puede convertir las vidas ajenas en materia narrativa. La recorren, como ya viene siendo costumbre, la muerte y la finitud: la de la madre ausente, la del tiempo que se acorta, la de un mundo que agoniza. Pero en ella también persisten el humor, el deseo y algún obstinado destello de luz. A sus 76 años, el director manchego vuelve a mirarse de frente en una obra emparentada con Dolor y gloria (2019), aunque más desnuda y expuesta, que lleva todavía más lejos el juego de espejos entre lo vivido y lo filmado. Pasamos una tarde con él en Madrid, donde recorrió algunos de los momentos decisivos de su vida y de su cine. A estas alturas, ya son indisociables.
Álex Vicente
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