Daniel Écija repite esta palabra, la misma que aparece en su pasaporte como lugar de nacimiento, con una curiosa mezcla de orgullo y enfado.
͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏
|
|
|
Hola a todos:
Daniel Écija repite esta palabra, la misma que aparece en su pasaporte como lugar de nacimiento, con una curiosa mezcla de orgullo y enfado. Orgullo por la historia de sus padres, que cuatro días después de casarse, en 1962, hicieron las maletas para marchar a Australia dispuestos a trabajar en lo que fuera para ganarse la vida y acabaron en un pueblo remoto levantado en torno a una mina de amianto azul. Enfado porque nadie los avisó del peligro que corrían y su padre falleció en Madrid tres décadas después, con 55 años, víctima de un cáncer relacionado con el contacto con el amianto. Esta es su historia, que cuenta con los álbumes familiares entre las manos junto a su madre y su hermana; la de otra familia amiga que conocieron allí; la de los españoles que cruzaron el mundo durante aquellos años para salir adelante; y la de Wittenoom, un pueblo maldito en medio de ninguna parte vinculado a la muerte de más de 2.000 personas y que ahora ha desaparecido de los mapas.
MÓNICA CEBERIO BELAZA
|
|
|
|
|
|
|
|
|
 |
 |
|
Wittenoom: españoles en el ‘Chernóbil’ australiano
|
|
Esta es la historia de los emigrantes españoles que, en busca de oportunidades, trabajaron en los años sesenta en Wittenoom, una mina de amianto en Australia que provocó una de las mayores tragedias de salud laboral. Más de 2.000 trabajadores y familiares, muchos de ellos inmigrantes, han muerto en las últimas décadas en un episodio tan grave como desconocido.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|